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Lecturas Dominicales 

Leccionario Dominical

Cuarto domingo de Pascua

Año B • Pascua 4

Hechos 4:5–12

Salmo 23

1 San Juan 3:16–24

San Juan 10:11–18

La Colecta

Oh Dios, cuyo Hijo Jesús es el buen pastor de tu pueblo: Concede que, al escuchar su voz, reconozcamos a aquél que llama a cada uno de nosotros por su nombre, y le sigamos a donde nos guíe; quien contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, por los siglos de los siglos.  Amén.

Primera Lectura

Hechos 4:5–12

Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles

Se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los maestros de la ley. Allí estaban también el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan, Alejandro y todos los que pertenecían a la familia de los sumos sacerdotes. Ordenaron que les llevaran a Pedro y a Juan, y poniéndolos en medio de ellos les preguntaron: —¿Con qué autoridad, o en nombre de quién han hecho ustedes estas cosas?

Pedro, lleno del Espíritu Santo, les contestó: —Jefes del pueblo y ancianos: ustedes nos preguntan acerca del bien hecho a un enfermo, para saber de qué manera ha sido sanado. Pues bien, declaramos ante ustedes y ante todo el pueblo de Israel que este hombre que está aquí, delante de todos, ha sido sanado en el nombre de Jesucristo de Nazaret, el mismo a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó. Este Jesús es la piedra que ustedes los constructores despreciaron, pero que se ha convertido en la piedra principal. En ningún otro hay salvación, porque en todo el mundo Dios no nos ha dado otra persona por la cual podamos salvarnos.

Palabra del Señor.

Demos gracias a Dios.

 

Salmo 23

Dominus regit me

1   El Señor es mi pastor; *

         nada me faltará.

2   En verdes pastos me hace yacer; *

         me conduce hacia aguas tranquilas.

3   Aviva mi alma *

         y me guía por sendas seguras por amor de su Nombre.

4   Aunque ande en valle de sombra de muerte,

      no temeré mal alguno; *

         porque tú estás conmigo;

         tu vara y tu cayado me infunden aliento.

5   Aderezarás mesa delante de mí en presencia

      de mis angustiadores; *

         unges mi cabeza con óleo; mi copa está rebosando.

6   Ciertamente el bien y la misericordia me

      seguirán todos los días de mi vida, *

         y en la casa del Señor moraré por largos días.

 

La Epístola

1 San Juan 3:16–24

Lectura de la Primera Carta de San Juan

Conocemos lo que es el amor porque Jesucristo dio su vida por nosotros; así también, nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. Pues si uno es rico y ve que su hermano necesita ayuda, pero no se la da, ¿cómo puede tener amor de Dios en su corazón? Hijitos míos, que nuestro amor no sea solamente de palabra, sino que se demuestre con hechos.

De esta manera sabremos que somos de la verdad, y podremos sentirnos seguros delante de Dios; pues si nuestro corazón nos acusa de algo, Dios es más grande que nuestro corazón, y lo sabe todo. Queridos hermanos, si nuestro corazón no nos acusa, tenemos confianza delante de Dios; y él nos dará todo lo que le pidamos, porque obedecemos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y su mandamiento es que creamos en su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros como él nos mandó. Los que obedecen sus mandamientos viven en él, y él vive en ellos. Y en esto sabemos que él vive en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado. 

Palabra del Señor.

Demos gracias a Dios.

El Evangelio

San Juan 10:11–18

X

El Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marco

¡Gloria a ti, Cristo Señor!

Jesús dijo: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; pero el que trabaja solamente por la paga, cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor y porque las ovejas no son suyas. Y el lobo ataca a las ovejas y las dispersa en todas direcciones. Ese hombre huye porque lo único que le importa es la paga, y no las ovejas.

»Yo soy el buen pastor. Así como mi Padre me conoce a mí y yo conozco a mi Padre, así también yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; y también a ellas debo traerlas. Ellas me obedecerán, y formarán un solo rebaño, con un solo pastor.

»El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volver a recibirla. Esto es lo que me ordenó mi Padre.»

El Evangelio del Señor.    
     Te alabamos, Cristo Señor.

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